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JUAN DE LA CRUZ

EL CANTICO ESPIRITUAL
I - LA BUSCA DEL AMOR IMPACIENTE

PRÓLOGO

En este prólogo, Juan de la Cruz dice :

- que las estrofas del Cántico han sido compuestas "en amor de abundante inteligencia mística", lo que les da una amplitud de sentido y una fecundidad a la medida de la sabiduría divina que las inspiró.

- que por eso es imposible bien explicarlas. Incluso el que ha vivido lo que expresan no puede hacerlo, pues todo lenguaje se revela aquí impotente.

- Además, él añade, no es mi intención. "Los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar."

- Por lo que es de las explicaciones, breves y generales, que él da a petición de la madre Ana de Jesús, "no hay para que atarse" a ellas. Basta dejar el espíritu del poema, escrito en amor, producir su efecto.

A continuación de estas consideraciones, tres cosas son propuestas aquí :

1) una atención prioritaria al poema,
2) una lectura selectiva del comentario : señalando los pasajes que nos parecen más importantes o que hoy nos hablan más.
3) una tentativa de clarificación de lo dicho, combinada a veces con comparaciones con otros textos espirituales.

Juan de la Cruz él mismo nos invita a eso, citando constantemente textos bíblicos, y confrontando su experiencia con la de los sabios, profetas y santos del Antiguo y del Nuevo Testamento.

I - LA BUSCA DEL AMOR IMPACIENTE

Primera estrofa

1
¿ Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido ?
Como el ciervo huiste
habiéndo me herido ;
salí tras ti clamando, y eras ido.

El alma se encuentra en un estado intermediario : afectada por Dios, habiendo hecho cierta experiencia de él, "ha salido de todas las cosas y de sí misma". Sin embargo, Dios se queda ausente. De donde la cuestión : ¿ Adónde te escondiste ? ¿ Dónde has pasado ? Lo que desea es ver a Dios como es, en toda su realidad, es "la presencia y clara visión de su esencia". No le basta el Dios escondido, conocido sólo por señas, recuerdos de encuentros, quiere un Dios visible, descubierto, presente.

Conclusión : para descubrirlo hay que ir donde se esconde : "en el íntimo centro del alma... por tanto, el alma... conviénele salir y esconderse de todas las cosas criadas... y entrarse en sumo recogimiento dentro de sí misma, comunicandose allí con Dios en amoroso y afectuoso tracto."

La idea que para encontrar a Dios, hay que salir de sí y esconderse con Dios, él mismo escondido, está también en la Noche oscura :

En una noche oscura
por la secreta escala disfrazada,
a escuras, y en celada,
salí sin ser notada...
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Es bien el Dios escondido en la profundidad del corazón que se trata de alcanzar en la noche de la fe. Mas, mientras en el poema de la Noche, Juan de la Cruz canta la felicidad que tuvo de salir en la oscuridad, en el Cántico, se queja de la falta de luz y de visión. Es sin duda que las primeras estrofas del Cántico han sido compuestas en las privaciones materiales y espirituales del calabazo de Todedo, mientras las de la Noche, lo han sido más tarde, en la paz de la unión con Dios.

Pero volvamos al Cántico. El alma se queja, dice, porque, "habiendo gustado alguna dulce y sabrosa comunicación (de su Amado) la dejó seca y sola", "en vacío", y "siente la ausencia". Se siente abandonada, después de haber sido puesta en apetito y en movimiento por los toques de amor divino.

Aquí, Juan de la Cruz abre un paréntesis para tranquilizar al alma. Le dice que no se fie de esta impresión de abandono, "porque ni la alta comunicación y presencia sensible es más testimonio de su presencia, ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma es menos testimonio de su presencia en ella."

Hay más : el alma no sólo ha sido cautivada, tocada, sino herida. "Estas visitas de heridas de amor no son como otras en que Dios suele recrear y satisfacer al alma, llenándola de pacífica suavidad y reposo, porque éstas sólo las hace El más para llagar que para sanar. Y más para lastimar que para satisfacer, pues no sirven más que para avivar la noticia y aumentar el apetito y, por consiguiente, el dolor."

Estas heridas "hacen salir de sí, y entrar en Dios", dice. Sin embargo, en el momento donde se encuentra, el alma, que ha doblement salido : de todas las cosas y de sí misma, no ha todavía encontrado su nueva morada. "Quedéme vacía y desasida de todo por ti, y sin asirme a ti, penando en los aires de amor, sin arrimo de ti y de mí." Total, el alma se ve perdida a lo que vivía, pero no se ha todavía hallado en une vida nueva. Y añade Juan de la Cruz : "Esta pena y sentimiento de la ausencia de Dios suele ser tan grande en los que van llegándose a perfección al tiempo de estas divinas heridas, que, si no proveyese el Señor, morirían."

El Cántico espiritual pone desde el principio la barra bastante alta, ya que se trata de un alma que "llega a perfeccion", que ha dejado todo para hallar a Dios, ha recibido de él visitas muy alentadoras, y es recibiendo otras que cavan en ella un vacío purificador.

Entonces, la questión que podemos ponernos es la siguiente : ¿ No es la barra un poco alta para nosotros que no sentimos la ausencia de Dios con tanta intensidad y no conocemos estas heridas de amor que hacen esta ausencia insoportable ?

La respuesta, quizá sea que la ausencia de Dios, aunque la percibamos con menor fuerza, es algo que podemos probar a veces, y de diversas maneras. Podemos pues, cuando la experimentamos, apropriarnos esta primera estrofa.

Por otra parte, lo que Juan de la Cruz dice del Dios escondido, que hay que alcanzar en la profundidad de sí, nos envía a las palabras de San Agustín sobre el "Dios mas íntimo a mí que mí mismo", y a las de Jesús : "Ritírate a tu cuarto, cierra la puerta y ruegua a tu Padre que está allí en el secreto."(Mt 6,6). Estas palabras conciernen a todo creyente y no sólo a los que están cerca de la perfección.

Esta primera estrofa en fin, presentándonos un alma que se queja dolorosamente, nos devuelve a una bienaventuraza que no es dada para alimentar esperanzas humanas sino la confianza en Dios, llegue lo que llegue. Se puede también evocar aquí el poema de santa Teresa :

Nada te turbe,
nada te espante
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo le alcanza
Quien a Dios tiene
nada le falta
Sólo Dios basta.

Comprendamos : también el Dios escondido basta.

Segunda estrofa

Dios está ausente, Dios está lejos, demasiado alto, o demasiado escondido. Para paliar esta distancia, el alma busca oportunidades, intermediarios pudiendo asegurar la comunicación con él y decirle lo que sufre :

Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas, al otero
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero
decidle que adolezco, peno y muero.

Juan de la Cruz propone por la imagen de los pastores dos sentidos posibles :

- Sea son "deseos, afectos y gemidos" del amor que el alma tiene por Dios. Las majadas serían entonces los coros de los ángeles que se los transmiten de piso en piso hasta la cumbre de su jerarquía : Dios (alusión a la teología del pseudo-Denis).

- Sea son los ángeles mismos. Recordemos que la función esencial del ángel en la Biblia es de ser un mensajero.

"Si por ventura vierdes" es interpretado : Si el tiempo y la sazón han llegado y que Dios juzga el momento oportuno para encontraros y satisfaceros. Se trata pues de someter sus deseos al juicio y a la voluntad de Dios "porque no qualesquier necesidades ni qualesquier peticiones llegan a colmo que las oyga Dios para cumplirlas hasta que en sus ojos llegue bastante tiempo y sazón y número para concederlos o remediarlos." Dios "acude en el tiempo debido y oportuno."

"Aquel que yo más quiero", "más que a todas las cosas". El amor del alma por Dios no es exclusivo sino preferencial, prioritario.

El último verso "Decidle que adolezco, peno y muero" describe el desamparo del alma bajo tres formas : la enfermedad, la pena y la muerte que Juan de la Cruz refiere cada una a una facultad espiritual y a una virtud teologal :

- la dolencia al entendimiento y a la fe porque está enferma de no ver a Dios
- la pena a la voluntad y al amor porque sufre de no gozar de él
- la muerte a la memoria y a la esperanza, pues está privada de su presencia

Ultimo punto : el alma, nota Juan de la Cruz, no pide lo que desea, mas "no hace más que representar su necesidad y pena al Amado, porque él que discretamente ama no cura de pedir lo que le falta y desea, sino de representar su necesidad, para que el Amado haga lo que fuera servido." Da aquí el ejemplo de María en Caná y de las hermanas de Lázaro. Añade que mejor vale hacer eso que pedir con insistencia, pues Dios sabe mejor que nosotros, lo que nos conviene y que en toda petición, hay que abstenerse de toda afición y de toda esperanza demasiado humana.

En breve, hechas estas reservas, el alma expresa aquí su deseo de Dios que es para ella, en la situación de carencia en que se encuentra : su curación, su paz y su vida.

Esta estrofa puede enseñar a orar en tiempo de miseria : a no vacilar en expresar esta a Dios bajo forma de deseos y de quejas (son mensajeros fiables) pero a hacerlo en la aceptación y el abandono, al ejemplo de Jesús :

"Si se puede, que esta copa se aleje de mí,
sin embargo, no mi voluntad pero la tuya."
"¿ Eloï, Eloï, lamah sabachtani ?"

Olvidemos los coros de los ángeles y las referencias a las facultades y a las virtudes.

Tercera estrofa

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

Juan de la Cruz introduce esta tercera estrofa así : "No sólo basta al alma orar y desear y ayudarse de terceros para hablar al Amado... sino que junto con eso ella misma se ponga por la obra a le buscar. Y eso dice que ha de hacer..."

La ausencia de Dios no deja al alma quejumbrosa sino que la hace activa : estimula su determinación y afirma su paso en la busca del Amado (mis amores = mi Amado).

La ventura empieza a través "montes y riberas" en los cuales Juan de la Cruz ve (alegóricamente) las virtudes que hay que ejercitar y las bajadas que hay que aceptar.

Por otra parte, es necessario para adelantarse, no dejarse desviar por la recolección de las flores : las satisfacciones atadas a los bienes de este mundo, a los placeres sensuales y espirituales. De hecho, él precisa, lo que molesta aquí no son estos placeres en ellos mismos sino el apego que se les manifiesta. Hacen obstaculo si el corazón "reparase o hiciese asiento en ellos."

El alma dice también que caminará sin miedo, es decir que no se dejará intimidar con amenazas que encontrara sobre el camino de su busca. Estas amenazas son tres :

1) Las fieras : el mundo, las solicitaciones de la vida en sociedad.

Apartándolas, verá esta sociedad abandonarla, incluso volver contra ella, y arriesga así de perder :
sus amigos, su saber (mundano) y aún sus bienes,
- los placeres que todos buscan,
- su notoriedad, la estima de sus semejantes.

2) Los fuertes : el diablo

Juan de la Cruz no precisa aquí el contenido de las tentaciones que hay que superar pero dice sólo que se trata de obstáculos sutiles y tenaces, atados a los precedentes, quizá un fortalecimiento de esos, de donde la imagen de los fuertes.

3) Las fronteras : la carne

Se trata aquí de una resistencia interior , de la carne en el sentido pauliniano, es decir del "hombre viejo" que desea quedarse en los carriles, los deseos y los placeres de su antigua vida (de la carcel del ego, de los mecanismos repetitivos y compulsivos de su "yo" dirían los budistas).

En esta estrofa, el alma se exhorta pues ella misma a caminar con determinación, sin apago ni miedo, pero con la más grande libertad, hacia la meta que se ha fijado, a saber : el Amado, el amor : "buscando mis amores".

Cuarta estrofa

Volviendo a la estrofa precedente, Juan de la Cruz dice que la determinación a desatarse de los placeres y a superar las dificultades surgiendo sobre el camino espiritual se arraiga en el conocimiento de sí que es la primera cosa a la cual el alma se debe ejercitar. Después, puede volverse hacia el conocimiento de las criaturas y encaminarse por allá al conocimiento de su Amado que es su criador. Pues, como lo dice san Pablo : "Lo que Dios tiene de invisible se hace conocer a través sus obras" (Rom 1,20)

¡ Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado !
¡ Oh prado de verduras
de flores esmaltado !
decid si por vosotros ha pasado.

Los bosques y espesuras simbolizan aquí el mundo material y los innumerables animales que lo pueblan. Lo que toca al alma es el hecho que este universo tan rico y diverso salga derechamente de Dios que lo cree sin intermediario : "Por su propria mano". Juan de la Cruz es muy sensible a esta relación inmediata entre Dios y su creación.

¡ Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche !...
Sé que no puede ser cosa tan bella
y que cielos y tierra beben della
aunque es de noche.

El "prado de verdura de flores esmaltado" simboliza a la vez el cielo material, espléndido, constelado de estrellas y de planetas, y el reino de los cielos, poblado con justos, país de los ángeles y de los santos.

Total, el alma ve en el conjunto de estos símbolos vegetales el cosmos entero, el universo material y espiritual como sale de "la mano del Amado", y busca en éste la huella de su presencia : "Decid si por vosotros ha pasado !"

Quinta estrofa

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

Las criaturas responden al alma diciéndole que cada una de ellas manifiesta algo de lo que es Dios quien, creándolas, no sólo les ha dotado de innumerables gracias y virtudes, sino que les ha situado en el interior de un orden admirable y de una interdependencia "indeficiente".

Mil gracias derramando

Es con una multitud de bellas criaturas que Dios ha llenado el mundo. Pero se puede decir que son las menores de sus obras, si uno se vuelve hacia la cumbre de su creación : el hombre en que su Hijo se ha encarnado. Es por eso que la estrofa dice :

"Pasó por estos sotos con presura".
y, yéndolos mirando,

Dios ha mirado todas las cosas a través la cara de su Hijo, es decir que los ha creado por esta mirada. Más : las ha divinizado cuando este Hijo "se hizo hombre, ensalçandole en hermosura de Dios y, por consiguiente, a todas las criaturas en El, por haberse unido con la naturaleza de todas ellas en el hombre... Y así, en este levantamiento de la encarnación de su Hijo y de la gloria de su resurrección no solamente hermoseó el Padre las criaturas en parte, mas podemos decir que del todo las dejó vestidas de hermosura."

Se debe sin embargo precisar que el alma percibe eso en un conocimiento contemplativo : "En la viva contemplación y conocimiento de las criaturas... al alma le parece estar todas vestidas de admirable hermosura natural, derivada y comunicada de aquella infinita hermosura sobrenatural de la figura de Dios, cuyo mirar viste de hermosura y alegría el mundo y todos los cielos."

Para resumir, Dios impregna con su bendición el cosmos entero, y la huella que deja en él hiere el alma con amor y aumenta su deseo de ver su invisible hermosura.

Sexta estrofa

! Ay !, ? quién podrá sanarme ,
Acaba de entregarte ya de vero ;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

Todas las criaturas del mundo muestran al alma las huellas de la hermosura de Dios, pero ninguna de éstas basta a satisfacerla. Al contrario, estos mensajes despiertan dolorosamente el vacío del que padece, pues "renuevan la llaga con la noticia que dan, y porque parecen dilaciones de la venida." Luego, su petición a Dios es :

"Esto que andas mostrando como por resquicios, acaba de mostrarlo a las claras, y esto que andas comunicando por medios, acaba de hacerlo de veras, comunicándote por ti mismo...

Entrégate, pues, ya de vero, dándote todo al todo de mi alma, porque toda ella te tenga a ti todo, y no quieras enviarme ya más mensajero... que no saben decirme lo que quiero.

En lugar, pues, destos mensajes, tú mismo seas el mensajero y los mensajes."

Séptima estrofa

Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

Se trata aquí, nos dice Juan de la Cruz, de las criaturas racionales, hombres y ángeles, que vagan a Dios en la visión o en la fe y que, por lo que son o expresan, nos lo hacen conocer.

Los conocimientos que nos traen conciernen los misterios de la sabiduría de Dios, en particular "la Encarnación del Verbo y misterio de la fe ; las cuales, por ser mayores obras de Dios y que major amor en si encierran... hacen en el alma mayor efecto de amor." Estos conocimientos tocan el alma más profundamente que los que son entregados por las otras criaturas y provocan en ella no solamente una herida que pasa sino una llaga de amor que dura.

Sin embargo, hay "una tercera manera de penar en el amor que és como morir... Y este morir de amor se causa en el alma mediante un toque de noticia summa de la Divinidad, que es el "no sé qué" que dice en esta canción" y que la criaturas, aunque inteligentes, no hacen más que balbucear. A pesar de todo lo dicho "hay un "no sé qué" que se siente quedar por decir, una cosa que se conoce quedar por descubrir, y un subido rastro... un altísimo entender de Dios que no se sabe decir... y en aquel sentir el alma siente tan alto de Dios, que entiende claro se queda el todo por entender.

Aquel entender y sentir ser tan inmensa la Divinidad que no se puede entender acabadamente... es una de la grandes mercedes que en esta vida hace Dios a un alma por vía de paso... Es, en alguna manera, al modo de los que le ven en el cielo, donde los que más le conocen entienden más distinctamente lo infinito que les queda por entender."

Este conocimiento, entregado de paso, fue dado, dice en otra parte Juan de la Cruz, a Moisés en el Sinaï, al profeta Elías en el seno de una brisa ligera, y a san Pablo cuando estuvo raptado al tercer cielo (Subida II,24). Es un sabor anticipado de la visión de Dios que da origen al "amor impaciente".

Se trata pues aquí de un "no sé qué" como de un toque místico muy intenso provocando un "morir de amor". Se puede sin embargo utilizar esta expresión a propósito de toda gracia contemplativa, en la medida en que Dios se da en ella más allá de todo concepto y de todas palabras.

Volvemos a encontrar este "no sé qué" en un poema que empieza así :

Por toda la hermosura
Nunca yo me perderé
Sino por un "no sé qué"
que se alcanza por ventura.

Os invito a leerlo

Octava estrofa

Mas, ¿ como perseveras,
¡ oh vida !, no viviendo donde vives,
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes ?

El amor que Dios derrama en el alma la atrae hacia él con tal intensidad que vuelve a poner en cuestión su relación al cuerpo. "El alma más vive en lo que ama que en el cuerpo donde anima... y quéjase porque persevera todavía en vida corporal, porque la impide de vivir de veras donde de veras tiene su vida por esencia y por amor."

Este lenguaje puede parecer a primera vista de un platonismo sospechoso. Es sin embargo el que tienen todos los místicos de Occidente y de Oriente : San Pablo mismo, arrebatado a ltercer cielo, reconoce no saber si su cuerpo había seguido o no. El alma de la cual habla aquí Juan de la Cruz está al borde del éxtasis, y el cuerpo le parece de sobra, demasiado limitado por lo que hay que vivir.

La mayoría de los hombres espera dejar esta vida lo más tarde posible, y lo hacen precipitademente o en catástrofe, sin verdadera serenidad, aún menos con deseo de ver a Dios. He aquí, al contrario, alguien que quiere morir y lo haría sin pena. Es anormal. Sin embargo, mirándolo de cerca, no desea morir sino vivir, vivir de veras. Como San Pablo que decía : "Para mi, vivir es Cristo, y morir una ventaja." (Ph 1,21) Algunas personas habiendo experimentado una N.D.E. (near death experience) podrían comprender lo dicho allí y sus testimonios serían interesantes de oir.

Nueva estrofa

¿ Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste ?
Y, pues me le has robado,
¿ por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste ?

El gemido del amor impaciente se prolonga. El alma se queja de no haber sido curada por él que la hirió, eso es por su Amado. Pide su curación, es decir, paradojicamente, el "morir de amor" que le dará la presencia de este Amado. Se siente vacía, hambrienta, enferma, sin apoyo, y pide ser llenada, harta, curada, descansada en Dios.

De hecho, la paga que pide es un aumento de amor : "El alma no puede querer otra, sino más amor, el cual ne se paga sino de sí mismo" Es este amor perfecto que llevará la curación y la paz.

No se trata pues de una espera egocéntrica de recompensa, sino de una esperanza de amor perfecto. "El alma que anda estando encendida en amor de Dios, desea el cumplimiento y perfección del amor." Espera "el fin de su obra, porque su obra es amar, y desta obra que es amar espera ella el fin y remate que es la perfección y cumplimiento de amar a Dios."

Apartando toda idea de espera interesada, Juan de la Cruz acaba precisando : "El alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otra cosa de El sino la perfección del amor."

Lo que aclara un poco mejor esta estrofa es pues que esta impaciencia, esta vehemencia que agita el alma, no nace de un sencillo vacío interior, de un "ego" privado de consolaciones, sino de una dinámica del amor que la trabaja, la lleva y la desborda.

Décima estrofa

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

El alma padece de una ausencia, quema de un fuego que la atormenta y que nada puede calmar. Por eso pide a Dios que apague este fuego por su presencia, es decir que pueda verlo cara a cara.

La expresión "lumbre de mis ojos" designa a Dios a la vez como fuente de visión, de conocimiento, y como objeto de amor, es decir como compañero único y totál. De donde el último verso : Apaga mis enojos. El alma : "cierra sus ojos a todas las cosas, para abrirlos sólo a su Dios."

Lo que es ilusorio en una pasión humana, que idolatra a su objeto y lo inviste de modo desproporcionado a su ser reale, es aquí realismo místico, es decir conciencia que Dios es plenitud de ser infinitamente amable, amable más allá de todo lo que puede ser amado.

Undécima estrofa (Cant. B)

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura ;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

Aunque añadida más tarde, esta estrofa se inscribe a continuación de las precedentes. Se trata siempre de tener acceso a la presencia de Dios, a su visión, sería al precio de la vida acá.

La presencia de Dios, dice Juan de la Cruz, se puede entender de tres maneras :

  • por esencia : se trata de su presencia natural, creadora, que da la vida y el ser a todas las criaturas.
  • por gracia : se trata de una presencia sobrenatural, teologal, pero no percibida por su poseedor.
  • por afección espiritual : se trata también de una presencia sobrenatural, pero perceptible aunque cubierta.

Es el tercer género de presencia que pide el alma, es decir "cierta presencia afectiva que de sí hizo el Amado al alma." Pero, como la ha ya percibido y "que le pareció al alma y sintió estar allí un inmenso ser encubierto", ella pide a Dios de hacer más : que levante el velo. Y como sabe que su condición carnal no lo permite, pide que la suprima : "máteme tu vista y hermosura".

Una precisión sin embargo : "Cuando el alma dice que la mate su vista y hermosura, es supuesto que no puede verla sin morir, que, si sin eso pudiera ser, no pidiera que la matara, porque querer morir es una imperfección natural." Hay aquí un bemol que encontramos también en san Pablo cuando dice : "No queremos ser despojados, mas revestidos, porque lo que es mortal sea absorto por la vida." (2 Cor 5,4).

Esto no impide que "el alma no teme morir, cuando ama ; antes, lo desea... El alma que ama a Dios, más vive en la otra vida que en ésta, porque más vive adonde ama que donde anima."

Es pues el amor, aquí todavía, que es el gran móvil, el amor del cual la dinámica tiende a a la unión, más : a la unidad. "Donde es de saber que el amor nunca llega a estar perfecto hasta que emparejan tan en uno los amantes, que se transfiguran el uno en el otro."

Este tema está también presente en el poema de la Noche :

¡ O noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada !

Numerosos son los místicos que, al final del camino, ven desaparecer las diferencias y borrarse toda dualidad. Para Juan de la Cruz también, el amor perfecto desemboca en la unidad. Para él, el alma llega a ser Dios y si, a veces, añade prudentemente "por participación", algunas metáforas (la llama que consuma) y ciertos conceptos (la unión sustancial) reducen esta reserva a poca cosa.

Total, al final, no hay más relación diferenciada sino unión transformadora, no junción de complementarios, sino fusión de idénticos en un único fogón de amor. No hay más Amado y amada, sino amor, sino Dios : O Theos agapè estin, como dice san Juan.

Encended las hogueras de la Inquisición ! Sin duda es por afirmaciones de este género que los carmelitas españoles han vacilado algún tiempo en publicar el Cántico espiritual.

Undécima estrofa

¡ Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados !

Juan de la Cruz interpreta alegóricamente la fuente cristalina que invoca el alma como la fe de su esposo Jesús Cristo, y los semblantes plateados como las verdades que nos propone la fe. Esta, dice, las propone oscuramente, y por eso, el alma le dice que las manifieste claramente, en la luz de la visión. Esta luz es significada por los ojos del Amado que, por el momento, el alma lleva esbozados en su corazón, más : de los cuales espera la clara mirada.

Sobre este esbozo cognitivo de la fe, dibujado en la inteligencia, se sobrepone sin embargo un otro esbozo afectivo de amor, dibujado en la voluntad. Aquí, Juan de la Cruz, deslizando de la fe al amor, aprovecha para exponer su concepción del amor de Dios :

"Cuando hay unión de amor, es verdad decir que el Amado vive en el amante y el amante en el Amado. Y el amor obra tal semejanza en la transformación de los amantes, que se puede decir que cada uno es el otro, y que todos los dos son uno, porque en la unión y la transformación de amor, el uno se entrega y se cambia por el otro, y así cada uno vive en el otro, y el uno es el otro, y los dos son uno por transformación de amor.

Es eso lo que san Pablo quiso dar a entender cuando dijo : "No soy más yo que vive, sino Cristo en mí"(Gal 2,20)."

Esto se hará perfectamente en el cielo en vida divina en todos los que merecerán de verse en Dios ; porque siendo transformados en Dios, vivirán una vida de Dios y no su vida, aunque vivirán su vida, puesto que la vida de Dios será su vida. Y entonces dirán con verdad : "Vivimos, pero no nosotros, es Dios que vive en nos"."

Este estado celestial puede sin embargo esbozarse acá en "el matrimonio espiritual que es el más alto estado al cual se puede llegar en esta vida."Y "cuando este esbozo de transformación se alcanza en esta vida, es una grand felicidad, porque el Amado se satisface grandemente de eso." Dios halla entonces su felicidad en el alma como ésta en Dios ; la felicidad del esposo y la de la esposa no hacen más que una.

Cerramos este bello paréntesis y volvemos a nuestra estrofa. Podemos, sin forzar su sentido, ampliar la interpretación de Juan de la Cruz y ver en los semblantes plateados de la fuente, no sólo las proposiciones de la fe cristiana en el sentido estricto (el Credo), sino toda verdad alrededor de Dios, toda palabra diciendo algo de él. Entonces, la Biblia y todas las escrituras sagradas (Vedas, Upanishads, Gîta, Sûtras, Coran...), los escritos de místicos, santos, sabios de todos horizontes, pueden ser escudriñados, para dicernir en ellos, "los ojos deseados" que sin duda alguna nos miran, nos hablan y nos aman a través de ellos.

Para concluir :

Estas estrofas (1 a 11) del amor impaciente nos dejan quizá perplejos, hasta indiferentes. Seguro que no se decide así, de amar a Dios con vehemencia. Nos devuellven sin embargo al evangelio : por ejemplo al episodio donde Jesús caza a los vendedores del Templo, episodio que san Juan comenta así : "Una palabra de la Escritura volvió en su memoria : "El zelo por tu casa me devorará."(Jn 7,17 citando Ps 69,10).

Esta pasión devorante de Jesús por el Reino de Dios, pasión que le hacía esperar la venida del Reino de manera imminente (Esta generación no pasará...) tiene algo que ver con la del alma que aspira ardientemente a lo que el reino del amor se establece en ella. ? Estas estrofas no revelarían en nosotros cierto letargo espiritual, una falta de pasión respecto a la sola realidad que por lo tanto la merecería ?

Todo eso, quizá, piense usted, falta sin embargo un poco de serenidad. Es verdad. Pero, hay tiempo para todo y las estrofas que siguen nos van a hablar de un nuevo estado de conciencia, más estable, mas sosegado, en el cual el amor toma otra tonalidad, pasa del registro de la ansiedad y de la espera al del gozo y de la plenitud : "Gocémonos Amado".

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