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JUAN DE LA CRUZ

CANTICO ESPIRITUAL

Comentario

INTRODUCCIÓN

Mientras trabajaba a la reforma de Teresa de Avila, Juan de la Cruz fue detenido y recluido en Toledo, en 1578, por los carmelitas no reformados. Encarcelado durante ocho meses en condiciones muy fastidiosas, vivió en su calabozo grandes sufrimientos y grandes alegrías. Concibió entonces las treinta primeras estrofas de su Cántico. Como no tenía nada para escribirlas, las memorizó a medida que las componía. Las diez últimas fueron redactadas en Baeza y en Granada durante los años que siguieron su evasión.

Es en 1584, mientras era prior en Granada, que compuso un comentario a este poema, a petición de Ana de Jesus. A la muerte de Teresa, Ana de Jesus, expulsada de España y destituida, como Juan de la Cruz, por Nicolas Doria, el generál de los carmelitas del momento, introdujo el Cántico en Francia donde fue publicado por la primera vez, en francés. Era en Paris, en 1622. Fue reeditado un poco más tarde, en 1627, en español, en Bruselas, por una compañera de Ana de Jesús.

Los carmelitas españoles entonces en cargo, entre los cuales ciertos han maltratado Juan de la Cruz hasta su muerte en 1591, no se resolvieron a publicar su obra sino en 1618, pero sin el Cántico espiritual, demasiado místico y capaz de dar lugar a la censura.. Este no fue publicado hasta en 1630.

Todo eso es un episodio menor de lo que han llamado "el exilio español" : exilio de toda una España heterodoxa, mística, abierta a numerosas corrientes, por una España ortodoxa, intolerante, esa misma que puso en pie la Inquisición.

Existen dos versiones conocidas del Cántico espiritual : el Cántico A que tiene 39 estrofas, y el Cántico B, mas tardío, reelaborado por Juan de la Cruz a fines pedagógicos, teniendo una estrofa más. Después de una polémica entre comentadores españoles y franceses alrededor de la autenticidad de la segunda versión, las traducciones francesas dan sólo el Cantico A. Las ediciones españolas, ellas, dan éste como un esbozo y ponen al primer plano el Cántico B. Seguiremos la primera versión, más espontánea, luego intentaremos ver lo que trae el Cantico B, que pensamos también auténtico.

CANTICO ESPIRITUAL (A)
CANCIONES ENTRE EL ALMA Y EL ESPOSO

ESPOSA

1
¿ Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido ?
Como el ciervo huiste
habiéndo me herido ;
salí tras ti clamando, y eras ido.

2
Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas, al otero
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero
decidle que adolezco, peno y muero.

3
Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

PREGUNTA A LAS CRIATURAS

4
¡ Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado !
¡ Oh prado de verduras
de flores esmaltado !
decid si por vosotros ha pasado.

RESPUESTA DE LAS CRIATURAS

5
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

ESPOSA

6
! Ay !, ? quién podrá sanarme ,
Acaba de entregarte ya de vero ;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

7
Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

8
Mas, ¿ como perseveras,
¡ oh vida !, no viviendo donde vives,
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes ?

9
¿ Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste ?
Y, pues me le has robado,
¿ por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste ?

10
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

(11 B)
Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura ;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

11
¡ Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados !

12
Apártalos, Amado,
que voy de vuelo.

ESPOSO

Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

ESPOSA

13
Mi Amado : las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,

14
la noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

15
Nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en purpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado.

16
A zaga de tu huella
las jóvenes discurren al camino
al toque de centella,
al adobado vino ;
emisiones de bálsamo divino.

17
En la interior bodega
de mi Amado bebí, y , cuando salía,
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que antes seguía.

18
Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa ;
allí le prometí de ser su esposa.

19
Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio ;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.

20
Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido,
que, andando enamorada,
me hice perdidiza y fui ganada.

21
De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas
en tu amor florecidas,
y en un cabello mío entretejidas.

22
En sólo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.

23
Cuando tú me mirabas,
tu gracia en mí tus ojos imprimían ;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los mios adorar lo que en ti vían.

24
No quieras despreciarme,
que, si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste.

25
Cazadnos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.

26
Detente, cierzo muerto ;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto
y corran sus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

ESPOSO

27
Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.

28
Debajo del manzano,
allí conmigo fuiste desposada ;
allí te di la mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada.

29
A las aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores,
y miedos de las noches veladores :

30
por las amenas liras
y canto de sirenas, os conjuro
que cesen vuestras iras,
y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más seguro.

ESPOSA

31

! Oh ninfas de Judea !,
en tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales.

32
Escóndete, Carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras decillo ;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas.

ESPOSO

33
La blanca palomica
al arco con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado.

34
En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

ESPOSA

35

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura ;
entremos más adentro en la espesura.

36
Y luego, a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.

37
Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, ¡ vida mia !,
aquello que me diste el otro día :

38
el aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena

39
Que nadie lo miraba ;
Aminadab tampoco parecía,
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía.

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