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JUAN DE LA CRUZ

LA LLAMA DE AMOR VIVA

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Cancion 3

¡ Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido !

En esta canción el alma encarece y agradece a su Esposo las grandes mercedes que de la unión que con él tiene recibe... Las potencias y sentido de su alma, que antes de esta unión estaba oscuro y ciego, pueden ya estar esclarecidas y con calor de amor, como lo estan, para poder dar luz y amor al que las esclareció y enamoró... Y de eso se goza aquí el alma, por que de los resplandores y amor que recibe pueda ella resplandecer delante de su Amado y amarle.

LA LUZ Y EL CALOR DE LOS ATRIBUTOS DIVINOS

¡ Oh lámparas de fuego !

Las lámparas tienen dos propiedades, que son lucir y dar calor... Dios en su único y simple ser es todas las virtudes y grandezas de sus atributos : porque es omnipotente, es sabio, es bueno, es misericordioso, es justo, es fuerte, es amoroso, etc., y otros infinitos atributos y virtudes que no conocemos ; y, siendo El todas estas cosas en su simple ser, estando El unido con el alma, cuando El tiene por bien de abrirle la noticia echa de ver distintamente en El todas estas virtudes y grandezas... y cada uno de estos atributos es una lámpara que luce al alma y da calor de amor.

El deleite que el alma recibe en el arrobamiento de amor, comunicado por el fuego e la luz de estas lámparas, tan copioso como de muchas lámparas, que cada una abrasa en amor, ayudando también el calor de la una al calor de la otra y la llama de la una a la llama de la otra, así como tambien la luz de la una a la luz de la otra... y aquí el alma es inmensamente absorta en delicadas llamas, llagada sutilmente de amor en cada una de ellas.

Cuando uno ama y hace bien a otro, hácele bien y ámale según su condición y sus propiedades ; y así tu Esposo, estando en ti, como quien él es te hace las mercedes : porque, siendo él omnipotente, hácete bien y ámate con omnipotencia ; y, siendo sabio, sientes que te hace bien y ama con sabiduría ; y, siendo infinitamente bueno, sientes que te ama con bondad ; siendo sancto, sientes que te ama y hace mercedes con santidad ; y siendo él justo, sientes que te ama y hace mercedes justamente ; siendo él misericordioso, piadoso y clemente, sientes su misericordia y piedad y clemencia ; y, siendo él fuerte y subido y delicado ser, siente que te ama fuerte, subida y delicadamente ; y, como sea limpio y puro, sientes que con pureza y limpieza te ama ; y, como sea verdadero, sientes que te ama de veras ; y, como él sea liberal, sientes que te ama y hace mercedes con liberalidad sin algún interese, sólo por hacerte bien ; y, como el sea la virtud de la suma humildad, con suma bondad y con suma estimación te ama, e igualándote consigo, mostrándosete en estas vias de sus noticias él mismo alegremente, en este su rostro lleno de gracias y diciéndote en esta unión suya, no sin gran júbilo tuyo : "Yo soy tuyo y para ti, y gusto de ser tal cual soy por ser tuyo y para darme a ti".

¿ Quien dirá, pues, lo que sientes, ¡ oh dichoso alma !, conociéndote así amada y con tal estimación engrandecida ?... Eres maravillosamente letificada según toda la armonía de tu alma y aun de tu cuerpo, hecha toda un paraíso de regadío divino.

¡ Oh admirable cosa, que a este tiempo esta el alma rebosando aguas divinas, en ellas ella revertida como una abundosa fuente, que por todas partes rebosa aguas divinas ! (Io 4,14) ; porque, aunque es verdad que esta comunicación que vamos diciendo es luz y fuego de estas lámparas de Dios, pero es este fuego aquí tan suave, que, con ser fuego inmenso, es como aguas de vida que hartan la sed de el espíritu con el ímpetu que el desea. De manera que estas lámparas de fuego son aguas vivas del espíritu.

Todo le que se puede en esta canción decir es menos de lo que hay, porque la transformación de el alma en Dios es indecible. Todo se dice en esta palabra : que el alma está hecha Dios de Dios por participación de El y de sus atributos, que son los que aquí llama lámparas de fuego.

ESPLENDORES DEL ALMA : REFLEJOS DE DIOS

En cuyos resplandores

Estos resplandores son las noticias amorosas que las lámparas de los atributos de Dios dan de sí al alma, en los cuales ella unida según sus potencias, ella también resplandece como ellos, transformada en resplandores amorosos.

Los movimientos de estas llamas divinas, que son los vibramientos y llamaradas que habemos arriba dicho, no las hace sola el alma tranformada en las llamas de el Espíritu sancto, ni las hace sólo él, sino él y el alma juntos, moviendo él al alma, como hace el fuego al aire inflamado.

Estos movimientos y llamaradas son los juegos y fiestas alegres que en el segundo verso de la primera canción decíamos que hacía el Espíritu Sancto en el alma, en los cuales parece que siempre esta quiriendo acabar de darle la vida eterna y acabarla de trasladar a su perfecta gloria, entrándola ya de veras en sí.

Estos resplandores por otro nombre se llaman obumbraciones. Para inteligencia de lo cual es de saber que obumbración quiere decir tanto como hacimiento de sombra, y hacer sombra es tanto como amparar, favorecer y hacer mercedes.

Pues, como quiera que estas virtudes y atributos de Dios sean lámparas encendidas y resplandecientes, estando tan cerca del alma como habemos dicho, no podran dejar de tocarla con sus sombras, las cuales también han de ser encendidas y replandecientes al talle de las lámparas que las hacen, y así estas sombras seran resplandores.

Así el alma entiende y gusta la potencia divina en sombra de omnipotencia, y entiende y gusta la sabiduría divina en sombra de sabiduría divina, y entiende y gusta la bondad infinita en sombra que le cerca de bondad infinita, etc ; finalement, gusta la gloria de Dios en sombra de gloria.

¡ Oh admirable excelencia de Dios !, que, con ser estas lámparas de los atributos divinos un simple ser y en el solo se gusten, se vean y gusten distintamente tan encendida cada una como la otra, y siendo cada una sustancialmente la otra. ¡ Oh abismo de deleites !, que tanto más abundante eres cuanto están tus riquezas más recogidas en unidad y simplicidad infinita de tu único ser.

EL VACÍO INSONDABLE DE LAS POTENCIAS DEL ALMA

las profundas cavernas del sentido

Estas cavernas son las potencias de el alma : memoria, entendimiento y voluntad - las cuales son tan profundas cuanto de grande bienes son capaces, pues no se llenan con menos que infinito... Es de notar de esta cavernas de las potencias, cuando no están vacias y purgadas y limpias de toda afección de criatura, no sienten el vacío grande de su profunda capacidad, porque, en esta vida, cualquiera cosilla que a ellas se pegue basta para tenerlas tan embarazadas y embelesadas... Y es cosa admirable que, con ser capaces de infinitos bienes, baste el menor de ellos a embarazalas... Pero cuando están vacías y limpias, es intolerable la sed y hambre y ansia del sentido espiritual... Y este tan grande sentimiento comunmente acacece hacia los fines de la iluminación y purificación del alma, antes que llegue a unión, donde ya se satisfacen... y esto son los que penan con amor impaciente, que no pueden estar mucho sin recebir o morir.

Hay que referir este pasaje al principio del Cántico espiritual, eso es a las estrofas que cantan las penas del amor impaciente : Adonde te escondiste... Esta referencia es preciosa para situar el tiempo de este amor : ocurre "hacia los fines de la iluminación y purificación del alma, antes que llegue a la unión". Así, no debemos estrañarnos de su intensidad. Los que lo viven "no pueden estar mucho sin recebir o morir." Recordamos que el mismo Juan de la Cruz ha vivido este período en su calabozo de Toledo donde escribió las treinta primeras estrofas del Cántico.

Cuanto a la primera caverna que aquí ponemos, que es el entendimiento, su vacío es sed de Dios... y esta sed es de las aguas de la sabiduría de Dios, que es el objeto del entendimiento.

La segunda caverna es la de la volutad, y el vacío de esta es hambre de Dios tan grande que hace desfallecer al alma... y esta hambre es de la perfección de amor que el alma pretende.

La tercera caverna es la memoria, y el vacío de esta es deshacimiento y derretimiento de el alma por la posesión de Dios.

Es, pues, profunda la capacidad de estas cavernas porque lo que en ellas puede caber, que es Dios, es profundo e infinito.

Pero, ¡ válgame Dios!, pues que es verdad que cuando el alma desea a Dios con entera verdad, tiene ya al que ama, como dice san Gregorio sobre san Juan : ¿ como pena por lo que ya tiene ?

Juan de la Cruz responde a esta cuestión distinguiendo desposorio y matrimonio espiritual. En el primer estado, dice, el alma, aunque ya adelantada y purificada, no lo es todavía bastante para poseerlo. Y es porque siente un vacío doloroso que desaparece en el estado del matrimonio espiritual. De hecho, añade, en el desposorio, Dios enciende el deseo del alma "por que el deseo de Dios es una disposición para unirse con él. Aprovecha después esta explicación para recomendar a las almas que están en esta situación que no se confíen a cualquiera.

DIOS ES ÉL QUE BUSCA Y CONDUCE EL ALMA

En el desposorio sólo hay igualado "sí" y una sola voluntad de ambas partes... mas en el matrimonio hay también comunicación de las personas y unión.

Es de saber que, si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella ; y si ella le envía a él sus deseos amorosos... El a ella le envía el olor de sus unguentos, con que la atrae y hace correr hacia El (Ct 1,3).

Advirtiendo, pues, el alma que en este negocio es Dios el principal agente y el mozo de ciego que la ha de guiar por la mano a donde ella no sabria ir... todo su principal cuidado ha de ser mirar que no ponga obstaculo al que la guia... Y este impedimento le puede venir si se deja guiar y llevar de otro ciego. Y los ciegos que la podrán sacar del camino son tres, conviene a saber : el maestro espiritual, el demonio, y elle mesma.

Juan de la Cruz examina entonces uno por uno estos ciegos que pueden extraviar el alma : primero el maestro espiritual que debe tener la experiencia requerida y hacer la diferencia entre un principiante que va por la vía de la meditación y un alma más adelantada que Dios empieza a poner en estado de contemplación. En efecto,

En este tiempo totalmente se ha de llevar el alma por modo contrario del primero ; que si antes le daba materia para meditar y meditaba, que ahora antes se la quiten y que no medite... porque se divierte de el bien pacifico y quieto que secretamente le están dando en el espíritu, por la obra que el quiere hacer por el sentido... Meditar sería poner obstaculo al principal agente, que como digo, es Dios, el cual oculta y quietamente anda puniendo en el alma sabiduría y noticia amorosa sin especificación de actos... y así, entonces el alma también se ha de andar solo con advertencia amorosa a Dios, sin especificar actos, habiendose, como habemos dicho, pasivamente, sin hacer de suyo diligencias, con la determinación y advertencia amorosa, simple y sencilla, como quién abre los ojos con advertencia de amor.

Que, pues Dios entonces en modo de dar trata con ella con noticia sencilla y amorosa, también el alma trate con El en modo de recebir con noticia y advertencia sencilla y amorosa, para que así se junten noticia con noticia y amor con amor.

LO QUE EL ALMA DEBE HACER Y NO HACER

El alma no ha de estar asida a nada : no a ejercicio de meditación, no a sabor alguno, ahora sensitivo, ahora espiritual ; no a otras cualesquier aprehensiones, porque se requiere el espíritu tan libre y anihilado acerca de todo, que cualquiera cosa de pensamiento o discurso o gusto a que entonces el alma se quiere arrimar la impediría, desquietaría y haría ruido en el profundo silencio que conviene que haya en el alma, según el sentido y el espíritu, para tan profunda y delicada audición.

Por tanto, cuando acaeciere que desta manera se sienta el alma poner en silencio y escucha, aun el ejercicio de la advertencia amorosa que dije ha de olvidar para que se quede libre para lo que entonces la quiere el Señor ; porque de aquella advertencia amorosa sólo ha de usar cuando no se siente poner en soledad, con todo, o ociosidad interior u olvido o escucha espiritual ; lo cual, para que lo entienda, siempre que acaece es con algún sosiego pacifico y absorbimiento interior.

La contemplación pura consiste en recebir. No es posible que esta altísima sabiduría y lenguaje de Dios, cual es la contemplación, se pueda recebir menos que en espíritu callado y desarrimado de sabores y noticias discursivas.

Quita, ¡ oh alma espiritual !, las motas y pelos y niebla, y limpia el ojo, y luciráte el sol claro y verás claro. Pon el alma en paz, sacándola y libertándola de el yugo y servidumbre de la flaca operación de su capacidad, que es el captiverio de Egipto, donde todo es poco más que juntar pajas para cocer tierra (Ex 1,14), y guíala, ¡ oh maestro espiritual ! a la tierra de promisión que mana leche y miel ; y mira que para esa libertad y ociosidad sancta de hijos de Dios la llama Dios al desierto... puniendola en toda la enajenación y soledad posible ; porque, cuanto más esto alcanzare y cuanto más presto llegare a esta ociosa tranquilidad, tanto más abundatemente se le va infundiendo el espíritu de la divina sabiduría, que es amoroso, tranquilo, solitario, pacífico, suave y embriagador del espíritu, en el cua se siente llagado y robado tierna y blandamente, sin saber de quién, ni de dónde, ni cómo.

Pero los bienes que esta callada comunicación y contemplación deja impresos en el alma, sin ella sentirlo entonces, como digo, son inestimables, porque son unciones secretísimas, y por tanto delicadísimas, del Espíritu Sancto, que secretamente llenan al alma de riquezas y dones y gracias espirituales, porque, siendo Dios el que lo hace, hácelo no menos que como Dios.

LO QUE DEBE SABER EL MAESTRO ESPIRITUAL

Aquí, Juan de la Cruz toma de nuevo su crítica de los maestros espirituales que no saben conducir a las almas en esta vía de la contemplación y acaba diciendo :

Cuantas veces esta Dios ungiendo al alma contemplativa con alguna unción muy delgada de noticia amorosa, serena, pacífica, solitaria, muy ajena del sentido y de lo que se puede pensar, con la cual no puede meditar ni pensar en cosa alguna, ni gustar de cosa de arriba ni de abajo, por cuanto la trae Dios ocupada en aquella unión solitaria, inclinada a ocio y soledad, y vendrá un maestro espritual que no sabe sino martillar y macear... y no sabe más que meditar.

Adviertan los que guían las almas y consideren que el principal agente y guía y movedor de las almas en este negocio no son ellos, sino el Espíritu Sancto, que nunca pierde cuidado de ellas.

Vacando de esta manera el alma a todas las cosas, llegando a estar vacía y desapropiada acerca de ellas, es imposible, cuando hace lo que es de su parte, que Dios deje de hacer lo que es de la suya en comuncársele, a lo menos en secreto y silencio. Más imposible es esto que dejar de dar el rayo del sol en lugar sereno y descumbrado ; pues que, así como el sol esta madrugando y dando en tu casa para entrar si destapas la ventana, así Dios, en guardar a Israel ni dormita (Ps 120,4) ni menos duerme, entrará en el alma vacía y la llenará de bienes divinos... porque si el Señor, como dice David, no edifica la casa, en vano trabaja él que la edifica (Ps 126,1). Y, pues él es el artífice sobrenatural...

Y esa preparación es de tu oficio ponerla en el alma, y de Dios, como dice el Sabio, es enderezar su camino, conviene saber, a los bienes sobrenaturales, por modos y maneras que ni el alma ni tu entiendes.

En la contemplación de que vamos hablando, por lo cual Dios, como habemos dicho, infunde de sí en el alma, no es menester que haya noticia distinta, ni que el alma haga actos de inteligencia, porque en un acto la está Dios comunicando luz y amor juntamente, que es noticia sobrenatural amorosa, que podemos decir es como luz caliente, que calienta, porque aquella luz jutamente enamora ; y esta es confusa y oscura para el entendimiento, porque es noticia de contemplación, la cual, como dice san Dionisio, es rayo de tinebla para el entendimiento.

Y a Dios, aunque no le gusta muy particular y distintamente, ni le ame con tan distinto acto, gústale en aquella infusión general escura y secretamente más que a todas las cosas distintas, pues entonces ve ella claro que ninguna le da tanto gusto come aquella quietud solitaria ; y ámale sobre todas las cosas amables.

Y así, no hay que tener pena, que, si la voluntad no puede reparar en jugos y gustos de actos particulares, adelante va ; pues el no volver atrás abrazando algo sensible, es ir adelante a lo inaccesible, que es Dios... y así cumple bien el precepto de amor, que es amar sobre todas las cosas, lo cual no puede ser sin desnudez y vacío en todas ellas.

LOS TRES CIEGOS

A continuación, Juan de la Cruz reactiva su explicación sobre los tres ciegos que pueden despistar al alma : el malo director, el demonio y el alma misma.

Los directores que no dejan las almas gozar de esta quietud no saben qué cosa es espíritu. Hacen a Dios grande injuria y desacato metiendo su tosca mano donde Dios obra ; porque le ha costado mucho a Dios llegar a esas amas hasta aquí, y precia mucho haberlas llegado a esta soledad y vacío de sus potencias y operaciones para poderles hablar al corazón, que es lo que El siempre desea, tomando ya El la mano, siendo ya El el que en el alma reina con abundancia de paz y sosiego.

Estos directores, añade Juan de la Cruz, serán castigados pues están obligados de bien obrar.

Los negocios de Dios con mucho tiento y muy a ojos abiertos se han de tratar, mayormente, en cosa de tanta importancia y en negocio tan subido como es él de estas almas, donde se aventura casi infinita ganancia en acertar, y casi infinita perdida en errar.

El segundo ciego que dijimos que podría empachar al alma en este genero de recogimiento es el demonio... que puede distraer el alma devolviéndola a pensamientos y gustos particulares. Y aquí es grande lástima que, no entendiéndose el alma, por comer ella un bocadillo de noticia particular o jugo, se quita que la coma Dios a ella toda ; porque así le hace Dios en aquella soledad en que la pone, porque la absorbe en sí por medio de aquellas unciones espirituales solitarias.

Desta manera, por poco más que nada, causa gravísimos daños, haciendo al alma perder grandes riquezas, sacándola con un poquito de cebo, como al pez, del golfo de las aguas sencillas del espíritu, adonde estaba engolfada y anegada en Dios sin hallar pie ni arrimo.

El tercer ciego es la mema alma, la cual, no entendiéndose, como habemos dicho, ella mesma se perturba y se hace el daño... como ve que ella no hace nada, procura hacerlo, y así se distrae y se llena de sequedad y disgusto el alma, la cual estaba gustando la ociosidad de la paz y silencio espiritual en que Dios la estaba de secreto poniendo a gesto.

Ha de advertir el alma en esta quietud que, aunque entonces ella no se siente caminar ni hacer nada, camina mucho más que si fuese pour su pie, porque la lleva Dios en sus brazos ; y así, aunque camina al paso de Dios, ella no siente el paso ; y, aunque ella mesma no obra nada con las potencias de su alma, mucho más hace que si ella lo hiciese, pues es Dios el obrero... Como dice el Sabio, las palabras de la Sabiduría óyense en silencio (Eccl 9,17). Déjese el alma en las manos de Dios y no se ponga en sus propias manos ni en las de esotros dos ciegos, que, como esto sea y ella no ponga las potencias en algo, segura irá.

EL ALMA ILUMINADA DA DIOS A DIOS

Volvamos, pues, ahora al propósito de estas profundas cavernas de las potencias del alma... a estas tres potencias, memoria, entendimiento y voluntad, las llama el alma en este verso cavernas del sentido profundas, porque por medio de ellas y en ellas siente y gusta el alma profundamente las grandezas de la sabiduría y excelencias de Dios.

Que estaba oscuro y ciego,

Conviene saber, antes que Dios le esclareciese y alumbrase... La escuridad de el alma es la ignorancia del alma antes que Dios la alumbrase por esta transformación... Y así, la luz de la gracia que Dios había dado antes a esta alma, con que le había alumbrado el ojo del abismo de su espíritu, llamó otro abismo de gracia, que es esta tranformación divina de el alma en Dios.

¡ Oh, quién pudiera decir aquí cuan imposible le es al alma que tiene apetitos juzgar de las cosas de Dios como ellas son !... Porque, estando aquella catarata y nube sobre el ojo del juicio, no ve sino catarata.

Con extraños primores
calor y luz da junto a su querido.

Esta cavernas de las potencias... están ardiendo, están ellas enviando a Dios en Dios esos mismos resplandores que tienen recebidos... dando al Amado la misma luz y calor de amor que reciben.

Con extraños primores ; es a saber, extraños y ajenos de todo común pensar ... El alma esta dando en su querido esa mesma luz y calor que esta recibiendo de su querido ; porque, estando ella aquí hecha una mesma cosa en él, en cierta manera es ella Dios por participación... es, como dijimos, como sombra de Dios. Y a este talle, siendo ella por medio de esta sustancial transformación sombra de Dios, hace ella en Dios por Dios lo que El hace en ella por sí mismo al modo que El lo hace, porque la voluntad de los dos es una, y así la operación de Dios y de ella es una.

Esta dando a Dios al mismo Dios en Dios, y es verdadera y entera dádiva de el alma a Dios. Y así, entre Dios y el alma está actualmente formado un amor recíproco en conformidad de la unión y entrega matrimonial, en que los bienes de entrambos, que son la divina esencia los poseen entrambos juntos.

Esta es la gran satisfacción y contento de alma, ver que da a Dios más que ella en sí es y vale, con aquella mesma luz divina y calor divino que se lo da ; lo cual en la otra vida es por medio de la lumbre de gloria, y en esta por medio de la fe ilustradísima. De esta manera, las profundas cavernas del sentido, con extraños primores, calor y luz dan junto a su querido.

Acerca de el amor se ha el alma con Dios con extraños primores... tiene tres primores principales de amor. El primero es que aquí ama el alma a Dios no por sí, sino por El mismo ; lo cual es admirable primor, porque ama por el Espíritu Santo, como el Padre y el Hijo se aman.

El segundo primor es amar a Dios en Dios, porque en esta unión vehementemente se absorbe el alma en amor de Dios, y Dios con grande vehemencia se entrega al alma.

El tercero primor de amor principal es amarle allí por quien El es, porque no le ama sólo porque para sí misma es largo, bueno, gloria, etc., sino mucho más fuertemente, porque en sí es todo esto esencialmente.

Juan de la Cruz vuelve, para cerrar el comentario de esta tercera estrofa, al tema del amor, del cual saca algunos aspectos importantes. Su fuente : Dios ; su modo : la absorción, y su razón : lo que es Dios, más allá de lo que puede revelar o dar. Va, en la última estrofa, a describir dos maneras particulares que tiene este amor para manifestarse, a través de dos metáforas : la del despertar y la del respirar.

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