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JUAN DE LA CRUZ

LA NOCHE OSCURA

Juan de la Cruz ha comentado dos veces su poema de la Noche : en la Subida del monte Carmelo y en la Noche oscura. En la Subida, considera la vía espiritual desde el punto de vista activo : el de las iniciativas que el espiritual debe tomar ; en la Noche, desde el punto de vista de una purificación de la cual no escoge ni los tiempos, ni los modos. Esa implica de hecho dos etapas que llama : noche de los sentidos y noche del espíritu. La primera toca la conciencia en sus facultades periféricas, la segunda en su profundidad más secreta. Pero existe entre ellas un denominador común : la acción íntima de Dios que trabaja el alma por el medio de una contemplación oscura y que consume.

El comentario de la Noche ha sido escrito para ayudar al espiritual a reconocer esta acción de Dios en el y a dejarle obrar. Se trata de salvar un paso, una crisis de crecimiento, de acceptar una refundición de sí. Esto no se hace sin dolor, pero desemboca sobre una libertad y una unión dichosa.

COMIENZA LA DECLARACION DE LAS CANCIONES
QUE TRATAN DEL MODO Y MANERA QUE TIENE EL ALMA
EN EL CAMINO DE LA UNION DEL AMOR CON DIOS

En las dos primeras canciones se declaran los efectos de las dos purgaciones espirituales de la parte sensitiva del hombre y de la espiritual. En las otras seis se declaran varios y admirables efectos de la iluminación espiritual y unión de amor con Dios.

1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡ oh dichosa ventura !,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada ;

2. a escuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡ oh dichosa ventura !,
a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada ;

3. en la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡ Oh noche que guiaste !,
¡ oh noche amable mas que el alborada,
¡ oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el amado transformada !

6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire del almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
son su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro récliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Antes de empezar a explicar las canciones de su poema, Juan de la Cruz recuerda que "el alma las dice estando ya en la perfección, que es la unión de amor con Dios" , es decir despuès de haber atravesado los trabajos y angustias della senda estrecha de la vida.

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡ oh dichosa ventura !,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada ;

Cuenta el alma en esta primera canción el modo y manera que tuvo en salir según el afección de sí y de todas las cosas... para venir a vivir vida de amor dulce y sabrosa con Dios. Y dice que este salir de sí y de todas las cosas fue une noche oscura, que aquí entiende por la contemplación purgativa, la cual causa en el alma la dicha negación de si misma y de todas las cosas.... Esta noche de contemplación purificativa hizo adormecer y amortiguar en la casa de su sensualidad todas las pasiones y apetitos.

Dice, pues, el verso :

En una noche oscura,

En esta noche escura comienzan a entrar las almas cuando Dios las va sacando de estado de principantes, que es de los que meditan en el camino espiritual, y las comienza a poner en el de los aprovechantes, que es ya el de los contemplativos, para que, pasando por aquí, lleguen al estado de los perfectos, que es el de la divina unión del alma con Dios.

Es, pues, de saber que el alma, después que determinadamente se convierte a servir a Dios, ordinariamente la va Dios criando en espíritu y regalando, al modo que la amorosa madre hace al niño tierno, al cual al calor de sus pechos le calienta, y con leche sabrosa y manjar blando y dulce le cría, y en sus brazos le trae y le regala ; pero, a la medida que va creciendo, le va la madre quitando el regalo y, escondiendo el tierno amor, pónele el amargo acíbar en el dulce pecho y , abajándole de los brazos, le hace andar por su pie, por que, perdiendo las propiedades de niño, se dé a cosas más grandes y sustanciales. La amorosa madre de la gracia de Dios... eso mismo hace con ella, porque la hace hallar dulce y sabrosa la leche espirtual sin algún trabajo suyo en todas las cosas de Dios... Por tanto, su deleite halla pasarse grandes ratos en oración... y sus consuelos usar de los sacramentos y comunicar en las cosas divinas... pero se han muy flaca e imperfecamente en ellas... como flacos niños.

Juan de la Cruz analiza entonces algunos de los defectos que tienen estos principiantes para quienes, aparentemente, todo va bien, pero que, a pesar de su fervor, no progresan de prisa. Uiliza por eso la lista tradicional de los vicios capitales. Estos defectos son :

1) Una cierta vanidad que sacan de su estado que tienen gana de mostrar y de dar en ejemplo, mientras que los verdaderos espirituales son humildes y esconden los dones que les hace Dios.

2) Una forma de avaricia espiritual por la cual quieren cada vez más conocimientos y consejos, mientras un mínimum basta.

3) Una forma de lujuria que se complace en los gustos sensibles, los cuales se vuelven fácilment sensuales.

4) Una tendencia a la ira que los lleva a enfadarse contra los defectos presumidos del prójimo, mientras deberían mostrarse pacientes.

5) Una tendencia à la gula espiritual que les hace cercar siempre más sabores y consolaciones en la oración y los ejercicios religiosos.

6) et 7) Una tendencia a la envidia y a la tristeza espiritual cuando ven que los otros progresan y aún   los preceden sobre la vía de la virtud, o que ellos mismos no progresan tan pronto como quisieran.

En breve, estos principiantes son muy imperfectos. Y por eso es muy útil para ellos que Dios ponga manos a la obra para sacarlos de todas estas niñerias.

En una noche oscura

Esta Noche, que decimos ser la contemplación, dos maneras de tinieblas causa en los espirituales o purgaciones, según las dos partes del hombre, conviene a saber, sensitiva y espiritual ;   y así, una noche o purgación será sensitiva, con que se purga el alma según el sentido, acomodándolo al espíritu, y la otra, es noche o purgación espiritual, con que se purga y desnuda el alma según el espíritu, acomodándole y disponiéndole para la unión de amor con Dios.

Pues, como el estilo que llevan estos principiantes en el camino de Dios es bajo y que frisa mucho con su propio amor y gusto, queriendo Dios llevarlos adelante y sacarlos de este bajo modo de amor a más alto grado de amor de Dios... ciérrales la puerta y manantial de la dulce agua espiritual que andaban gustando en Dios todas la veces y todo el tiempo que ellos querían... y los deja tan a escuras, que no saben por dónde ir con el sentido de la imaginación y el discurso, porque no pueden dar un paso en meditar como antes solían y déjalos tan a secas que no hallan jugo y gusto en las cosas espirituales... Dios los desarrima del dulce pecho y, abanjándolos de sus brazos, los veza a andar por sus pies.

DE LAS SEÑALE EN QUE SE CONOCERA QUE EL ESPIRITUAL
VA POR EL CAMINO DESTA NOCHE Y PURGACION SENSITIVA

Para evitar de confundir esta noche con otros fenómenos : tibieza espiritual, indisposición corporal, depresión... Juan de la Cruz da tres señales que deben verificarse simultáneamente.

1) El gusto que falta para las cosas de Dios falta también para las cosas criadas. Sino, podría tratarse de una falta de determinación en el camino espiritual.

2) Aunque uno esté en la sequedad y el disgusto, se acuerda de Dios con solicitud y cuidado de servirlo.   Si no podría tratarse de un estado depresivo el cual afecta la totalidad del siquismo y no solamente su parte sensitiva.

De hecho, "la causa de esta sequedad es porque muda Dios los bienes y fuerza del sentido a el espíritu... y este que va recibiendo el manjar, anda fuerte y mas alerto y solícito que antes en el cuidado de no faltar a Dios." Como el alma está desconcertada por este cambio, ella no toma   conciencia en seguida de eso.   Sin embargo, "si a los que esto acaece se supiesen quietar, descuidando de cualquiera obra interior y exterior sin solicitud de hacer allí nada, luego en aquel descuido y ocio sentirán delicadamente aquella refección interior... que obra en el mayor ocio y descuido del alma; que es como el aire, que, en queriendo cerrar el puño, se sale... Dios hace entonces obra quieta, delicada, solitaria, satisfactoria y pacífica, muy ajena de todos esotros gustos primeros que eran muy palpables y sensibles ; porque es la paz esta que dice David que habla Dios en el alma para hacerla espiritual (Ps 84,9). Y de aquí es la tercera señal.

3) Esta señal es "el no poder ya meditar ni discurrir en el sentido de la imaginación". De facto, Dios se comunica entonces "con acto de sencilla contemplación".

Juan de la Cruz acaba con estas tres señales diciendo que el destete purificador de la noche de los sentidos es variable en intensidad y en duración según los sujetos. Incluso con algunos, dice, Dios trabaja en punteado : ejercitando por momentos su acción, y luego suspendiéndola.

DEL MODO QUE SE HAN DE HABER ESTOS EN ESTA NOCHE OSCURA

En el tiempo, pues, de las sequedades de esta Noche sensitiva... padecen los espirituales grandes penas, no tanto por las sequedades que padecen como por el recelo que tienen de que van perdidos en el camino, pensando que se les ha acabado el bien espiritual y que los ha dejado Dios... Estos, en este tiempo, si no hay quien los entienda, vuelven atrás, dejando el camino o aflojando, o a lo menos se estorban de ir adelante...

Los que desta manera se vieren, conviéneles que se consuelen perseverando en paciencia, no teniendo pena ; confíen en Dios, que no deja a los que con sencillo y recto corazón le buscan... Que dejen estar el alma en sosiego y quietud, aunque les parezca claro que no hacen nada y que pierden tiempo... Sólo lo que aquí han de hacer es dejar el alma libre y desembarazada y descansada de todas las noticias y pensamientos, no teniendo cuidado allí de qué pensarán y meditarán, contentándose sólo con una advertencia amorosa y sosegada en Dios.

Juan de la Cruz insiste entonces para recordar que "a los principios comúnmente no se siente este amor, sino la sequedad y vacío". Sin embargo dice , "en medio de aquellas sequedades y vacíos de las potencias es un ordinario cuidado y solicitud de Dios", y el alma se   cura allí de muchas imperfecciones. De dónde el verso siguiente :

¡ Oh dichosa ventura !

La dichosa ventura es para ella de estar sacada fuera de las trampas y de la molestias criadas por las facultades sensitivas y la imaginacion.

Salí sin ser notada

Esta salida secreta se hace, dice Juan de la Cruz por "la angosta puerta de esta noche del sentido, del cual se despoja y desnuda el alma par entrar en ella, juntándose en fe, que es ajena de todo sentido, para caminar después po el camino estrecho, que es la otra noche del espíritu, en que despuès entra el alma para caminar a Dios en pura fe, que es el medio por donde el alma se une con Dios."

DE LOS PROVECHOS QUE CAUSA EN EL ALMA ESTA NOCHE

El primero y principal provecho que causa esta seca y oscura noche de contemplación es el conocimiento de sí y de su miseria... ve que de suyo no hace nada ni puede nada.

Sin embargo, alumbra Dios a el alma, dándole también conocimiento de la grandeza y excelencia de Dios... instruyéndola en su divina Sabiduría..

De manera que ya tenemos que de esta noche seca sale conocimiento de sí primeramente, donde, como de fundamento, sale estotro conocimiento de Dios. Dice, pues, David, así : "En la tierra desierta, sin agua, seca y sin camino parecí delante de ti para poder ver tu virtud y tu gloria." (Ps 62,3).

Y de aquí nace el amor del prójimo ; porque los estima y no los juzga como antes solía.

Hay otro provecho muy grande en esta noche para el alma, y es que se ejercita en las virtudes de por junto, como en la paciencia y longanimidad... en la caridad de Dios... y la fortaleza.

En esta noche consigue el alma estos cuatro provechos que habemos dicho, conviene a saber : delectación de paz, ordinaria memoria y solicitud de Dios, limpieza y pureza del alma y el ejercicio de virtudes... consigue también libertad de espíritu, en que se van granjeando los doce frutos del Espíritu Santo. También aquí admirablemente se libra de las manos de los tres enemigos : demonio, mundo y carne.

estando ya mi casa sosegada

Los deseos y pasiones del alma estando sosegados, endormecidos por esta noche purificadora, el alma comienza entonces " el camino y vía del espíritu, que es de los aprovechantes y aprovechados, que por otro nombre llaman vía iluminativa o de contemplación infusa, con que Dios de suyo anda apacentando y reficionando al alma, sin discurso ni ayuda activa de la misma alma."

Cuánto tiempo dura esta noche ? Es muy variable dice Juan de la Cruz. Eso depende de lo que hay que purificar en el alma y del grado de amor al cual Dios quiere levantarla. La prueba puede ser fuerte o ligera, breve o duradera, en puntillados... Pero para "pasar a tan dichoso y alto estado como es la unión de amor", suele ser en general intensa y larga.

NOCHE DEL ESPÍRITU

Juan de la Cruz empieza esa parte de su tratado, precisando que entre la noche del sentido y del espiritu pasa "harto tiempo y años" . Durante este tiempo, el espiritual "como el que ha salido de una estrecha cárcel, anda en las cosas de Dios con mucha más anchura y satisfacción del alma y con más abundante e interior deleite que hacía a los principios, antes que entrase en la dicha noche, no trayendo atada ya la imaginación y potencias al discurso... con gran facilidad halla luego en su espíritu muy serena y amorosa contemplación y sabor espiritual, sin trabajo del discurso." Este sabor, añade, recae sobre sus facultades sensitivas y ocasiona a veces raptos, éxtasis y otros fenómenos perturbadores por el cuerpo. Pero son allí cosas debidas à la flaqueza. Los que han atravesado la segunda noche del espíritu no los tienen más.

Como lo había hecho para los principiantes, Juan de la Cruz nota entonces las imperfecciones de los avanzados. Esas son debidas al hecho que la noche de los sentidos no ha purificado el alma profundamente, sino ha dejado en ella raíces que hacen óstaculo a la unión con Dios. Habla entonces de confusión de espíritu (hebetudo mentis) de rudeza natural, de falta de atención y de aplicación de espíritu. Este espíritu pues "conviene que se ilustre, clarifique y recoja por la penalidad y aprieto de aquella noche".

La noche de los sentidos, termina por decir, no es más que un comienzo muy imperfecto de noche. La verdadera, profunda noche, es la del espíritu en la cual el sentido mismo acaba de purgarse. "De donde en esta noche que se sigue se purgan entrambas partes juntas."

Los aprovechados, como los principiantes, se conducen puerilmente : "Entienden de Dios como pequeñuelos, y hablan en Dios como pequeñuelos, y saben y sienten de Dios como pequeñuelos, por no haber llegado a la perfección, que es la unión del alma con Dios, por la cual unión, ya como grandes obran grandezas en su espíritu, siendo ya sus obras y potencias más divinas que humanas."

Para que lleguen a eso, "Dios desnúdales las potencias y afecciones y sentidos, así espirituales como sensitivos, así exteriores como interiores, dejando a escuras el entendimiento, y la voluntad a secas, y vacía la memoria, y las afecciones del alma en suma aflicción, amargura y aprieto... Todo lo cual obra el Señor en ella por medio de una pura y oscura contemplación." Juan de la Cruz vuelve a tomar, para explicar eso, la primera canción de su poema, pero hace entonces su aplicación a la noche del espíritu.

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡ oh dichosa ventura !,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

Entendiendo ahora esta canción a propósito de la purgación contemplativa o desnuded y pobreza de espíritu (que todo aquí casi es una misma cosa), podémosla declarar en esta manera, y que dice el alma así : En pobreza, desamparo y desarrimo de todas las aprehensiones de mi alma, esto es, en oscuridad de mi entendimiento y aprieto de mi voluntad, en aflicción y angustia acerca de la memoria, dejándome a escuras en pura fe, la cual es noche oscura para las dichas potencias naturales, sólo la voluntad tocada de dolor y aflicciones y ansias de amor de Dios, salí de mi misma, esto es, de me bajo modo de entender, y de mi flaca suerte de amar, y de mi pobre y escasa manera de gustar de Dios... La cual fue grande dicha y buena ventura para mí.

Mi entendimiento salió de sí, volviéndose de humano y natural en divino, porque, uniéndose por medio de esta purgación con Dios, ya no entiende por su vigor y luz natural, sino por la divina Sabiduría con que se unió. Y mi voluntad salió de si, haciendose divina, porque, unida con el divino amor, ya no ama bajamente con su fuerza natural, sino con fuerza y pureza del Espíritu Santo, y así, la voluntad acerca de Dios no obra humanamente ; y, ni más ni menos, la memoria se ha trocado en aprehensiones eternas de gloria.

En una noche oscura

Esta noche oscura es una influencia de Dios en el alma que la purga de sus ignorancias e imperfecciones... que llaman los contemplativos contemplación infusa, o mística teología, en que de secreto enseña Dios a el alma y la instruye en perfección de amor, sin ella hacer nada ni entender cómo. Esta contemplación infusa, por cuanto es sabiduría de Dios amorosa, hace dos principales efectos en el alma, porque la dispone purgándola et iluminándola para la unión de amor de Dios.

Por qué llamar a esta luz divina una noche oscura ? pregunta Juan de la Cruz. Y responde : "por dos razones : la primera es que esta Sabiduría excede las capacidades del alma y la segunda es que esa misma alma es muy imperfecta." Por eso "san Dionisio y otros místicos teólogos llaman a esta contemplación infusa rayo de tinebla." La pena del alma viene de su inadaptación a una luz que sobrepasa su poder de visión y que hiere sus ojos   enfermos.

Juan de la Cruz habla aquí de una verdadera pasión y agonía del alma, provocada por la contemplación purificadora que "desnudándola de sus afecciones habituales y propiedades... la destrica y descuece la sustancia espiritual, absorbiéndola en una profunda y honda tinebla, que el alma se sienta estar deshaciendo y derritiendo en la haz y vista de sus miserias con muerte de espíritu cruel." A eso se añade el sentimiento de haber perdido a Dios, y eso definitivamente.

Por lo que es de ella misma, "el alma siente en sí un profundo vacío y pobreza de tres maneras de bienes que se ordenan al gusto del alma, que son temporal, natural y espiritual, viéndose puesta en los males contrarios, conviene a saber : miserias de imperfecciones, sequedades y vacíos de las aprehensiones de las potencias y desamparo del espíritu en tiniebla. .. todo la cual hace Dios por medio desta oscura contemplación... purgando al alma, aniquilando y vaciando o consumiendo en ella todas las afecciones y hábitos imperfectos que ha contraido toda la vida. Es una grave pasión que el alma padece aquí, en la purgación del fuego desta contemplación... Pero "en esto humilla Dios mucho al alma para ensalzarla mucho después." Mientras tanto sin embargo , "no halla consuelo ni arrimo en ninguna doctrina ni en maestro espiritual."

Esta purificación, como la precedente, puede ser más o menos fuerte, más o menos larga, y admite períodos de alivio en los cuales la contemplación, de oscura y dolorosa, se hace luminosa y amorosa, dando al alma un presagio de la abundancia que la espera.   Sin embargo, mientras la purificación no esté terminada, el alma iente que queda un trabajo que hacer y, cuando vuelve a sumirse en ella, halla de nuevo, de manera cada vez más dura, sus penas anteriores. Esas pueden accompañarse de olvidos, pues la memoria también es afectada por la purificación y pierde sus marcas.

Después de haber notado que el rayo de la contemplación es tan oscuro que el alma no lo ve, Juan de la Cruz añade que "cuando esta luz espiritual tiene que reverberar, esto es, cuando se ofrece alguna cosa que entender espiritual y de perfección o de imperfección - por mínimo átomo que sea, o juicio de lo que es falso o verdadero - luego la ve y entiende mucho más claramente que antes... De aquí es que con grande generalidad y facilidad conoce y penetra el alma cualquier cosa de arriba o de abajo que se ofrece."

En eso se verifica lo que dice san Pablo : "El espiritual sonda todas las cosas hasta las profundidades de Dios" ; y el libro de la Sabiduría que afirma que esa "penetra por todas partes en razón de su pureza." Ésta es la propiedad de el espíritu purgado y aniquilado acerca de todas particulares afecciones e inteligencias que, en este no gustar nada ni entender nada en particular, morando en su vacío y tiniebla, lo abraza todo con grande disposición para que se verifique en él lo de san Pablo : "No habiendo nada y poseendo todo" (2 Co 6,10) ; porque tal bienaventuranza se debe a tal pobreza de espíritu.

Resta, pues, que decir aquí que esta dichosa noche, aunque escurece el espíritu, no lo hace sino para darle luz para todas las cosas, y, aunque la humilla y pone miserable, no es sino para ensalzarle y levantarle, y, aunque le empobrece y vacía de toda posesión y afección natural, no es sino para que divinamente se pueda extender a gozar y gustar de todas las cosas de arriba y de abajo, siendo con libertad de espíritu general en todo.

Sin embargo, para llegar a eso, conviene ser desembarazado de toda afición particular. Uno puede entonces gustar "la delicadeza e intimo sabor del espíritu de amor, que contiene en sí todos los sabores... gustar los deleites del espíritu de libertad.

Antes de probar un despego que desemboca sobre un tal goce, el espiritual deba atravesar la desnudez de la noche oscura. Tan oscura "que las tinieblas que aquí padece son profundas y horribles y muy penosas, porque, como se sienten en la profunda sustancia de el espíritu, parecen tinieblas sustanciales." Al lado de esta oscuridad afectando principalmente el entendimiento, es necesario que la voluntad sea "purgada y anihilada, dejada en seco y en aprieto... en el fuego desta divina contemplacion." Solo entonces puede gustar el sabor universal del amor.

Todas estas aflictivas purgaciones del espíritu, para reengendrarlo en vida de espíritu por medio desta divina influencia, las padece el alma, y con estos dolores viene a parir el espíritu de salud. Dejando la grosería de su primera paz, hecha más bien de insensibilidad y de indiferencia, viene a gustar la paz interior de Dios que traspasa todo sentido.

Tal es la obra que en ella hace esta noche encubridora de las esperanzas de la luz del día... Profunda es esta guerra y combate, porque la paz que espera ha de ser muy profunda ; y el dolor espiritual es íntimo y muy delgado, porque el amor que ha de poseer ha de ser también muy íntimo y apurado, porque, cuanto mas íntima y esmerada y pura ha de ser la labor y tanto más fuerte cuanto el edificio más firme.

La contemplación es de sí " tan suave y tan amable" que el alma que la recibe no tiene nada más que desear. Es en ella en efecto y en la unión que se encuentran todos los bienes. Entonces, pregunta Juan de la Cruz : ¿ por qué tiene efectos tan penosos ?

Responde por una metáfora que le es cara : esa del fuego que transforma el madero. El fuego material, dice, aplicado al madero, comienza a secarlo, haciéndole llorar su humedad, luego lo va poniendo negro, oscuro y feo y aun de mal olor, y finalmente lo inflama y lo esclarece hasta "transformale en sí y ponerle hermoso como el mismo fuego". Así pasa para el alma "acerca de este divino fuego de amor de contemplación". Este la purifica, hace salir al día sus imperfecciones, sus malos humores, y finalmente se incorpora en ella.

Hay en este trabajo pausas, remisiones, durante la cuales el alma puede soplar un poco y ver los efectos positivos del trabajo que Dios hace en ella. Pero cuando este empieza de nuevo, atacando a zonas más profundas,   a "una raíz que queda, que no deja tener el gozo cumplido" el dolor es tanto más vivo. Total, si el alma sufre, es en razón de su imperfección, de su egocentrismo nativo, de su ignorancia y de su falta de amor. El fuego de amor divino de la contemplación lleva remedio a eso, lo que no va sin sufrimientos.

Pero, si Juan de la Cruz dice todo eso, es para que el espiritual se entienda y no añada a los dolores de la purificación, el de creerse perdido, abandonado de Dios. Para ayudarle, le hace valer lo que va a ser "el fruto de sus lágrimas y las propiedades dichosas" del trabajo que se hace en él. Para eso, se comenta el segundo verso :

con ansias, en amores inflamada

Es cuestión aqui, dice, "del fuego de amor que, a manera de fuego material en el madero, se va prendiendo en el alma en esta noche de contemplación penosa... es une inflamación de amor en el espíritu, en que en medio de estos oscuros aprietos se siente estar herida el alma viva y agudamente en fuerte amor divino... este amor siendo infuso, es mas pasivo que activo, y así engendra en el alma pasión fuerte de amor... el alma lo que aquí hace es dar el consentiminto... Dios tiene tan destetados los gustos y tan recogidos, que no pueden gustar de cosa que ellos quieran. Todo lo cual hace Dios a fin de que, apartándolos y recogiéndolos todos para si, tenga el alma mas fortaleza y habilidad para recebir esta fuerte unión de amor de Dios, que por este medio purgativo le comienza ya a dar.

"Recogidos aquí, pues, en esta inflamación de amor todos los apetitos y fuerzas del alma, estando ella herida y tocada según todos ellos y apasionada", esta siente una gran sed de Dios que le hace decir : "con ansias en amores.   Hacésele a esta alma todo angosto ; no cabe en sí, no cabe en el cielo ni en la tierra, y llénase de dolores hasta las tinieblas que dice Job...

  Por lo dicho echaremos de ver como esta oscura noche de fuego amoroso, así como a escuras va purgando, así a oscuras va al alma inflamando... Porque la limpieza de corazón no es menos que el amor y gracia de Dios, porque los limpios de corazón son llamados por nuetro Salvador bienaventurados, lo cual es tanto como decir enamorados, pues que bienaventuranza no se da por menos que amor.

Y que se purgue iluminándose el alma con este fuego de sabiduría amorosa muéstralo bien Jeremías donde dice : "Envió fuego en mis huesos y enseñóme."

Y este entendimiento de amor con unión destas dos potencias ; entendimiento y voluntad, que se unen aquí, es cosa de gran riqueza y deleite para el alma, porque es cierto que en la Divinidad y ya principios de la perfección de la unión de amor que espera ; y ansí, a este toque de tan subido sentir y amor de Dios no se llega sino habiendo pasado muchos trabajos y gran parte de la purgación.

En este estado, precisa Juan de la Cruz, "aun las pasiones ayudan al espiritual a sentir amor apasionado... Y tal fuerza y brío suele cobrar... que con grande osadía, sin mirar en cosa alguna ni tener respeto a nada, en la fuerza y embriaguez en el amor y deseo, haría cosas extranas e inusitadas por poder encontrar con el que ama su alma ... Esto tiene la fuerza y vehemencia del amor, que todo le parece posible."

A ese talle, pues, son las ansias de amor que va sintiendo esta alma cuando ya va aprovechada en esta espiritual purgación ; porque de noche se levanta (esto es, en estas tinieblas purgativas) segun las afecciones de la voluntad, y con las ansias y fuerzas que la leona u osa va a buscar sus cachorros cuando se los han quitado y no los halla anda esta herida alma a buscar a su Dios... Y este es el amor impaciente, en que no puede durar mucho el sujeto sin recebir o morir." Podemos conocer aquí el estado del alma al principio del Cántico espiritual, cuando dice : "¿ Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido ?"

¿ De donde viene esta fuerza, esta impaciencia osada ? pregunta Juan de la Cruz. Del amor que Dios comunica a la voluntad : "La propiedad del amor es quererse unir y juntar y igualar y asimilar a la cosa amada, para perficionarse en el bien de amor."   Respecto al entendimiento, habría más bien tendencia a padecer, pues ve claramente la flaqueza y la incapacidad del alma. En eso consiste, por otra parte, una parte de la purificación : "Las tinieblas y los demás males que el alma siente cuando esta divina luz embiste, no son tinieblas ni males de la luz, sino de la misma alma, y la luz le alumbra para que las vea... mas después de purgada con el conocimiento y sentimiento dellos, tendra ojos para que esta luz la muestre los bienes de la luz divina."

Total , "queda entendido como Dios hace merced aquí al alma de limpiarla y curarla con esta fuerte lejía y amarga purga...   escureciéndole las potencias interiores, y vaciándoselas acerca de todo esto, y apretándole y enjugándole las afecciones sensitivas y espirituales, y debilitándole y adelgazándole las fuerzas naturales de el alma acerca de todo ello (lo cual nunca al alma por si misma pudiera conseguir) haciéndola Dios desfallecer y desnudar en esta manera a todo lo que no es Dios naturalmente, para irla vistiendo de nuevo, desnudada y desollada ya ella de su antiguo pellejo, y así, se le renueve, comme el águila, su juventud (Ps 102,5 ), quedando vestida del nuevo hombre, que es criado, como dice el Apóstol, según Dios (Ep 4,24) . "

Mientras el entendimiento humano se hace divino, es lo mismo para la voluntad, la memoria y todos los afectos y apetitos del alma : todos son cambiados y divinamente transformados.

¡ oh dichosa ventura !,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada ;

Este sosiego, dice Juan de la Cruz, es la obra de Dios que paraliza en algún modo los movimientos naturales de las facultades para que no impidan el don que entonces hace al alma de los bienes sobrenaturales, por cuanto queda corta toda habilidad natural acerca de los bienes sobrenaturales que Dios por sola infusión suya pone en el alma pasiva y secretamente en el silencio.

! Oh cuán dichosa ventura es poder el alma librarse de si misma, canta Juan de la Cruz. No se puede bien entender, si no fuera, a mi ver, el alma que ha gustado dello, porque vera luego claro cuán misera servidumbre era la que tenía, y a cuántas miserias estaba sujeta cuando lo estaba a la obra de sus potencias y apetitos, y conocerá cómo la vida de espíritu es verdadera libertad y riqueza, que trae consigo bienes inestimables.

a escuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡ oh dichosa ventura !,
a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada ;

La secreta escala, comenta Juan de la Cruz, es «la viva fe». Es ella que permite al alma avanzar en toda seguridad en el ambiente oscuro, penoso y angustioso de la noche del espíritu. Librada de sí misma, de la vida superficial que se lleva en el mundo y de las pulsiones alienantes que la solicitan (el demonio), el alma puede en adelante recibir sin impedimento lo que Dios le destinaba y ahora le comunica.

¡ Oh, pues, alma espiritual ! cuando vieres escurecido tu apetito, tus   afecciones secas y apretadas, e inhabilitadas tus potencias para cualquier ejercicio interior, no te penes por eso, antes lo ten a buena dicha, pues que te va Dios librando de ti misma, quitàndote de las manos las potencias, con las cuales, por bien que ellas te anduviesen, no obraras tan cabal, perfecta y seguramente, a causa de la impureza y torpeza dellas, como ahora que, tomando Dios la mano tuya, te guía a escuras como a ciego a donde y por donde tú no sabes, ni jamás con tus ojos y pies, por bien que anduvieran, atinaras a caminar.

Juan de la Cruz expone entonces cómo la extrañeza de esta situación es inevitable para el alma. Como ella nunca ha experimentado aquella novedad que le hace salir y deslumbrar y desatinar de su primer modo de proceder, antes piensa que se va perdiendo que acertando y ganando, como ve que se pierde acerca de lo que sabía y gustaba, y se ve por donde no sabe si gusta. Así como el caminante, que, para ir a nuevas tierras no sabidas, va por nuevos caminos no sabidos ni experimentados, que camina no guiado por le que sabía antes, sino en dudas y por el dicho de otros, y claro esta que este no podría venir a nuevas tierras ni saber más de lo que antes sabía, si no fuera por caminos nuevos nunca sabidos, y dejados los que sabía. Ni más ni menos el que va sabiendo más particularidades en un oficio o arte siempre va a escuras, no por su saber primero, porque, si aquél no dejase atrás, nunca saldría dél ni aprovecharía en más ; de la misma manera, cuando el alma va aprovechando más, va a escuras y no sabiendo. Por tanto, siendo Dios aquí el maestro y guía deste ciego del alma, bien puede ella, ya que lo ha venido a entender, con verdad alegrarse y decir : a escuras y segura.

Juan de la Cruz nota de paso que el sufrimiento padecido entonces tiene una función pedagógica : "En el padecer se van ejercitando y ganando las virtudes y purificando el alma y haciendo más sabia y cauta." Luego, la noche suprime las tendencias al divertimiento y ayuda al alma a concentrar toda su atención en Dios. De tal manera la absorbe y embebe en sí esta oscura noche de contemplación y la pone tan cerca de Dios, que la ampara y libra de todo lo que no es Dios ; porque, como está puesta aquí en cura esta alma para que consiga su salud, que es el mismo Dios, tiénela Su Majestad en dieta y abstinencia de todas las cosas.

¡ Oh mísera suerte de vida, donde con tanto peligro se vive y con tanta dificultad la verdad se conoce !, pues lo más claro y verdadero nos es más oscuro y dudoso, y por eso huimos dello, siendo lo que más nos conviene.

Así, el hombre, si ha de acertar a ver por dónde va, tiene necesidad de llevar cerrados los ojos y de ir a escuras para ir seguro de los enemigos domesticos de su casa, que son sus sentidos y potencias !

Bien está, pues, el alma aquí escondida y amparada, aquí, en esta agua tenebrosa, que está cerca de Dios... está escondida y amparada de sí misma y de todos los daños de criaturas.

Por otra parte, para acabar bien de entender que esta tal alma va segura a oscuras, hay que ver que es por la fortaleza que esta oscura, penosa y tenebrosa agua de Dios, desde luego, pone en el alma ; que, en fin, aunque es tenebrosa, es agua, y por eso no ha de dejar de reficionar y fortalecer al alma en lo que más le conviene, aunque a escuras y penosamente.

Aquí todos los apetitos y fuerzas y potencias del alma están recogidas de todas las demás cosas, empleando su conato y fuerza sólo en obsequio de su Dios. Desta manera sale el alma de sí misma y de todas las cosas criadas a la dulce y deleitosa unión de amor de Dios, a oscuras y segura

por la secreta escala, disfrazada

"El alma llama aquí en este verso a esta escura contemplación por donde ella va saliendo a la unión del amor, secreta escala." Secreta, añade Juan de la Cruz, porque ni ella ni nadie sabe en el fondo de que se trata y porque, además, no puede decir nada de ella : "No halla modo ni manera ni símil que le cuadre para poder significar inteligencia tan subida y sentimiento espiritual tan delicado... Y no sólo por eso se llama y es secreta, sino porque también esta sabiduría mística tiene propiedad de esconder al alma en sí... el alma echa de ver claro que esta puesta alejadisima y remotisima de toda criatura, de suerte que le parece que la colocan en una profundísima y anchísima soledad, donde no puede llegar alguna humana criatura, como un inmenso desierto que por ninguna parte tiene fin, tanto más deleitoso, sabroso y amoroso, cuanto más profundo, ancho y solo.

Y así, viendo el alma en la iluminación de ella esta verdad, de que no se puede alcanzar ni menos declarar con terminos vulgares y humanos, con razón la llama secreta.

El profeta real deste camino del alma dice desta manera, hablando con Dios : "En el mar está tu via y tus sendas en muchas aguas, y tus pisadas no serán conocidas (Ps 76,19-20).

Este camino de ir a Dios es tan secreto y oculto para el sentido del alma como lo es para el del cuerpo el que se lleva por la mar, cuyas sendas y pisadas no se conocen ; esta propiedad tienen los pasos y pisadas que Dios va dando en las almas que Dios quiere llegar a sí, haciéndolas grandes en la unión de su Sabiduría, que no se conocen... Queda, pues, que esta contemplación que va guiando al alma a Dios es sabiduría secreta.

Por otra parte, nota Juan de la Cruz, el alma llama a esta contemplación escala porque sube y baja. Las comunicaciones que verdaderamente son de Dios esta propiedad tienen, que de una vez levantan y humillan al alma ; porque en este camino el abajar es subir, y el subir abajar... Lo cual echará bien de ver el alma que quisiere mirar en ello como en este camino cuantos altos y bajos padece, y cómo, tras la prosperidad que goza, luego se sigue alguna tempestad y trabajo - tanto, que parece que le dieron aquella bonanza para prevenirla y esforzarla para la siguiente penuria... Y éste es el ordinario estilo y ejercicio del estado de contemplación hasta llegar al estado quieto.

Y luego, añade, si se llama escala, "es porque la contemplación es ciencia de amor, lo cual es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y enamorando al alma, hasta subirla de grado en grado hasta Dios, su Criador."

Prosiguiendo sobre el tema de la escala de amor, Juan de la Cruz se libra entonces a un señalamiento de los varios grados de amor. Nota diez de ellos que son como las barras de esta escala.

1) Cuando empieza a subir esta escala de purgación contemplativa ... "desfallece el alma al pecado y a todas las cosas que no son de Dios por el mismo Dios... y pierde el gusto y apetito de todas las cosas.

2) Busca a Dios sin cesar... y en todas las cosas... cuando come, cuando duerme, cuando vela, cuando hace cualquier cosa, todo su cuidado es en el Amado, según arriba queda dicho en las ansias de amor.

3) El alma halla aquí calor para no desfallecer. "En este grado, las obras grandes por el Amado tiene por pequeñas, las muchas por pocas, el largo tiempo en que le sirve por corto, por el incendio de amor en que ya va ardiendo."

4) Aquí, el alma se fortifica en la paciencia gracias al amor. "Como dice san Agustín, todas las cosas grandes, graves y pesadas, casi ningunas las hace el amor."

5) El quinto grado de esta escala de amor hace al alma apetecer y codiciar a Dios impacientemente... En este grado el amante no puede dejar de ver lo que ama, o morir.

6) El sexto grado hace correr al alma ligeramente a Dios y dar muchos toques en él...La causa desta ligereza en amor que tiene el alma en este grado es por estar ya muy dilatada la caridad en ella, por estar aquí el alma poco menos que purificada del todo.

7) El séptimo grado de esta escala hace atrever al alma con vehemencia... Dios le da osadía y libertad.  

8) El octavo grado de amor hace al alma asir y apretar sin soltar... En este grado de unión satisface el alma su deseo, mas no de continuo.

9 ) El nono grado de amor hace arder al alma con suavidad. Este grado es el de los perfectos, los cuales arden ya en Dios suavemente, porque este ardor suave y deleitoso les causa el Espíritu Santo por razón de la unión que tienen con Dios.

10 ) El décimo y último grado de esta escala secreta de amor hace el alma asimilarse totalmente a Dios, por razón de la clara visión de Dios , que luego posee inmediatamente el alma... que sale de la carne. Total, este último grado no es de esta vida... Ya no hay cosa para el alma encubierta, por razón de la total asimilación.

Así, por esta escala secreta de amor , "se va el alma   saliendo de todas las cosas y de sí misma y subiendo a Dios ; porque el amor es asimilado al fuego, que siempre sube hacia arriba, con apetito de engolfarse en el centro de su esfera."

Juan de la Cruz explica luego porque el alma sale «disfrazada». "La fe, dice, es una túnica interior de una blancura tan levantada, que disgrega la vista de todo entendimiento ", entre otros el del demonio. Y así, caminando vestida de fe, va bien protegida por ella, más que por todas las otras virtudes.

Luego, sobre esta túnica blanca de fe, se sobrepone aquí la alma el segundo color, que es una almilla de verde, por el cual es significada la virtud de la esperanza, con la cual, cuanto a lo primero, el alma se libra y ampara del segundo enemigo, que es el mundo... A la esperanza llama san Pablo yelmo de salud (1 Th 5,8) , que es una arma que ampara toda la cabeza y la cubre de manera que no la queda descubierto sino una visera por donde ver ; y eso tiene la esperanza, que todos los sentidos de la cabeza del alma cubre, de manera que no se engolfen en cosa ninguna del mundo ni les quede por donde les pueda herir alguna saeta del siglo ; sólo le deja una visera para que el ojo pueda mirar hacia arriba, y no más, que es el oficio que de ordinario hace la esperanza en el alma, que es levantar los ojos solo a mirar a Dios... Por esta causa, esta librea verde se agrada tanto el Amado del alma, que es verdad decir que tanto alcanza dél cuanto ella dél espera.

Sobre el blanco y verde deste disfraz y librea, lleva el alma aquí el tercero color, que es una excelente toga colorada ; por la cual es denotada la tercera virtud, que es caridad... Con esta librea de caridad, que es ya la del amor, se ampara y cubre el alma del tercer enemigo, que es la carne... y sale de sí y de todas la cosas criadas en la noche oscura.

Este, pues, es el disfraz que el alma dice que lleva en la noche de fe por esta secreta escala, y estas son las tres colores de él... la fe oscurece y vacía al entendimiento de toda su inteligencia natural, y en esto le dispone para unirle con la Sabiduría divina ; y la esperanza vacía y aparta la memoria de toda la posesión de criatura, y así, aparta la memoria de lo que se puede poseer y ponela en lo que espera... la caridad, ni más ni menos, vacía y aniquila las afecciones y apetitos de la voluntad de cualquiera cosa que no es Dios, y solo se los pone en El.

Resumimos lo que dice aquí Juan de la Cruz sobre las virtudes teologales. El espiritual debe enfrentarse, sobre el camino que le conduce a la unión con Dios, a tres enemigos : la carne, el mundo y el demonio.

La carne designa, como en san Pablo, el hombre viejo : centrado sobre él mismo, sus pequeños deseos, sus pequeños proyectos y sus pequeños provechos, sus miedos también de no conseguir. Es lo que otros espirituales, en un lenguaje más oriental, llaman el «ego» : fuente interna de todo egoísmo y luego de odio y de violencia.

El mundo es la realidad exterior como lugar de solicitaciones y de dispersión. Es el mundo del divertimiento de Pascal, cuyas mil facetas nos distraen y nos desvían de lo esencial, de la realidad profunda, de Dios.

El demonio en fin resume el conjunto de las fuerzas oscuras que nos arrastran a pesar de nosotros. Las pulsiones inconscientes (deseantes y violentas) que, más arriba de nuestros «egos», nos manipulan en oscuros e impersonales comportamientos.

Contra estos tres enemigos, Juan de la Cruz moviliza tres virtudes :

La fe, contra las fuerzas oscuras, alienantes, que toma apoyo sobre la fuerza oscura de Dios.

La esperanza, contra la potencia de dispersión del mundo, que recentra la mirada y el deseo sobre Dios sólo.

El amor, contra el egoísmo de la carne, que rechaza las fronteras del «ego» y de sus deseos, y tiene poder de realizar su disolución.

De donde la metáfora de las tres túnicas, blanca, verde y roja, que protegen de los tres enemigos del alma.

¡ Oh dichosa ventura !

uan de la Cruz reprecisa aquí el propósito de su comentario : aclarar el sentido de la noche contemplativa para muchas almas que pasan por ella sin conocerlo, y decirles que dichosa ventura viven, a fin de animarlas con la esperanza cierta de los inmensos bienes que allí se encuentran :

a escuras y en celada

En estos escondrijos de contemplación unitiva se le acaban de quitar las pasiones y apetitos espirituales en mucho grado, y así, hablando de la porción superior del alma, dice luego este ultimo verso :

estando ya mi casa sosegada.

Este sosiego y quietud desta casa espiritual viene a conseguir el alma habitual y perfectamente por medio de los actos de toques sustanciales de unión que acabamos de decir, y que en celada y escondido de la turbación del demonio y de los sentidos y pasiones ha ido recibiendo de la Divinidad. Pero no se puede venir a esta unión sin gran pureza, y esta pureza no se alcanza sin gran desnudez de toda cosa criada.

en la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

El amor solo que en este tiempo arde, solicitando el corazón por el Amado, es el que guía y mueve al alma entonces y la hace volar a su Dios por el camino de la soledad, sin ella saber cómo ni de que manera.

Aquí se interrumpe el comentario de la Noche oscura que Juan de la Cruz no ha continuado más allá de la tercera canción de su poema. El codice de Alba advierte en una nota que el Santo no escribió más porque murió. Notamos sin embargo que comentando las dos primeras, ha llenado su contrato que era, nos dice en introducción, de "declarar los efectos de las dos purgaciones de la parte sentiva del hombre y de la espiritual". "Los efectos de la iluminación y unión de amor", evocados en las seis ultimas estrofas, los trata por otro lado en sus comentarios del Cántico espiritual y de la Llama de amor viva.

Acabamos por una observación sobre el tema central de este texto. Casi todo el comentario de la Noche trata de la prueba que constituye la acción purificadora de Dios sobre   la psique humana, por el lado de la contemplación. De tal modo que uno tiene la impresión que la prueba entera de la Noche se reduce al oscurecimiento y al secado que opera esta contemplación. Esta insistencia proviene sin duda de la comprobación que hizo Juan de la Cruz que muchas almas en la adversidad no entendían lo que les llegaba y , en su desamparo, no dejaban al obrar divino actuar correctamente. Luego ha querido   aclarar con fuerza este punto.

Eso no quiere decir que sola la acción divina es fuente de sufrimiento purificador sobre el camino espiritual. Juan de la Cruz mismo ha vivido los episodios más duros de su noche en la cárcel de Toledo, hambriento y agobiado de malos tratamientos. Las situaciones de desamparo por desgracia no faltan : enfermedades, accidentes, difficultades de todas suertes a nivel familial, social, profesional, pueden surgir sobre el camino del espiritual en marcha hacia Dios y darle ocasión y materia a purificación y a despego.

Lo que se necesita ver, sin embargo, es que en el seno de estas pruebas de origen exterior, se desarolla también, en derivación, en el secreto del corazón, una acción de Dios purificadora, y que el conjunto desemboca sobre el gozo y la paz de la unión. Es, en todo caso, lo que la continuación del poema de la Noche muestra claramente. Y también si no es comentada, conviene volver a ella para meditarla :

4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡ Oh noche que guiaste !,
¡ oh noche amable mas que el alborada,
¡ oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el amado transformada !

6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire del almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
son su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro récliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


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